Identidad visual e identidad verbal: la pelea de gallos que tu marca no necesita

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Identidad visual VS identidad verbal, ¿de verdad tienes que elegir entre una de las dos? ¿En serio es bueno cuidar más de la una que de la otra?

Mira, hay algo que mucha gente no te dice cuando montas un negocio: puedes tener el logo más bonito del mundo, la paleta de colores más cuidada y una web que parece sacada de un portfolio de diseño y, aun así, fracasar.

¿Por qué?

Porque tu marca puede estar vestida de gala para un fiestón, pero si no sabe comunicar tu mensaje en condiciones, se va a quedar sola en un rincón.

No, no es una exageración. 

Esto es justo lo que pasa cuando confundes identidad visual con identidad verbal y cuando inviertes todo en que te vean y nada en qué decir cuando ya te están mirando.

Voy a ser muy clara, amigui, en mi línea: la identidad visual no es más importante que identidad verbal ni tampoco al revés; pero si tuviera que elegir cuál hace que la gente confíe en ti, compre tu producto o recomiende tu servicio, me quedo con la verbal. 

Siempre. Y no estoy barriendo para casa.

¿La razón? Porque la gente no compra logos, compra confianza. Y la confianza no se construye con colores, sino poniendo encima de la mesa un montón de conversaciones.

Sigue leyendo y te cuento.

¿En qué se diferencian la identidad verbal de la visual? (En qué se diferencian de verdad, sin rollos ni movidas raras)

 

La identidad visual es cómo tu público te ve, es decir: el logo, los colores, la tipografía, las fotos, el diseño de tu web. 

Es la primera impresión, lo que hace que alguien diga: “¡buah, qué guapo todo!”. Es estática, se consume.

La identidad verbal es cómo te leen. En este caso es: lo que dices, cómo lo dices, qué tono usas, qué palabras eliges, qué historias cuentas. 

Es lo que hace que alguien diga: “¡buah, me entiende y es justo lo que necesito!”. Es dinámica, se puede sentir.

En resumidas cuentas, lo visual atrae y lo verbal convence.

Piensa en ello ahora así: 

La identidad visual es el silbido que hace que alguien gire la cabeza. 

La identidad verbal es la conversación que hace que se queden a hablar contigo.

Yo siempre digo que son el team perfecto para rematar ventas, aunque desde aquí tengo que decirte que muy pocas veces los clientes apuestan por hacer la misma inversión económica para una parte que para la otra. 

Aunque esto es otra historia, vamos a seguir con lo nuestro.

 

El grafismo que deja clara la diferencia entre ambas

 

Imagina que estás en una cafetería y ves a alguien con un estilazo que flipas. 

Va increíble, transmite seguridad, tiene una sonrisa auténtica. Piensas: “tiene que ser interesante”. Esa es la identidad visual, atrae.

Luego te acercas y empiezan a hablar. Y te suelta un “hola” plano y sigue con frases requetehechas, un discurso que repite como un papagayo para llevarte al huerto. 

No hay chispa. No hay personalidad. No hay nada que te enganche. 

¿Qué es lo que ocurre? Pues que das media vuelta y te piras. Esa es la identidad verbal, o más bien, la falta de ella, porque no has conseguido mantener a esa persona, conversar, hacerle sentir nada.

Tu web es el bar, tu diseño hace que la gente entre, tus textos deciden si se quedan o si se van.

No hay más.

 

¿Qué pasa si solo desarrollas la identidad verbal o solo desarrollas la identidad visual?

 

Puedes tener una identidad visual increíble y textos que no dicen nada. O puedes tener una identidad verbal potente y un diseño justito, pero te adelanto cómo acaba cada historia:

  • Si tu identidad visual mola, pero la verbal no existe; generas expectativas y para terminar defraudando a quien tienes enfrente. La gente llega a tu web, ve que es preciosa, pero cuando lee no siente nada. Y se va. Bonito, pero vacío.

 

  • Si tu identidad verbal es auténtica, pero la visual es floja; costará más que la gente entre, pero cuando lo haga, se quedará porque al final, lo que enamora no es el envoltorio, sino lo que hay dentro. La personalidad.

Idealmente, quieres las dos, pero si tuvieras que priorizar yo elegiría tener voz propia porque las palabras son las que cierran ventas.

 

Cómo saber si tu identidad verbal está fallando

 

Si estás leyendo esto y piensas “esto me suena más de lo que me gustaría”, tranqui, todo tiene solución en esta vida. No hace falta que reescribas toooodos tus textos de venta hoy mismo, solo que empieces a prestarles atención.

Por aquí te dejo unas pistillas sobre por dónde ir para iniciar este recorrido:

1.- Abre tu web y lee tu página de “sobre mí” en voz alta. ¿Suena a ti? ¿O suena a algo que “debe” ponerse en una web? Si no suenas natural, es que algo falla. Y si lo que cuentas ahí lo puede decir cualquiera, mal vas.

2.- Mira tus últimas publicaciones en redes sociales. Una vez más, ¿podría haberlas escrito cualquiera? ¿Usas las mismas frases de siempre? ¿Le has copiado a la competencia porque creías que así lo estarías haciendo mejor? Si es así, estás comunicando en piloto automático. Y tu posible cliente lo nota.

3.- Pregúntate: si mi marca fuera una persona, ¿cómo hablaría? ¿Sería seria, cercana, irónica, inspiradora? Elige tres palabras, estas son tus guías.

4.- La prueba del café. Todo lo que escribas debería sonar como si se lo estuvieras contando a alguien en persona, con naturalidad. Si no lo dirías así, no lo escribas.

Recuerda que no tienes que ser perfecto o perfecta, sino coherente. Aquí venimos a ser nosotros mismos, a generar confianza, y la confianza, amigui, es lo que vende.

 

Profundicemos aún más: ¿por qué la identidad verbal es tu gran ventaja a la hora de vender?

 

Mientras todo el mundo se pelea por tener el logo más moderno o la web más «instagrameable», tú puedes destacar simplemente siendo humano o humana. ¿Cómo? Desarrollando una voz propia que conecte.

La identidad verbal, como te he comentado antes, es cómo dices las cosas, dónde las dices y a quién se las dices. 

Es la expresión consciente de los valores de tu marca a través de las palabras, también lo que hace que alguien lea tu newsletter y piense: “joder, me siento identificadx”, o que visite tu web y sienta que ya te conoce de toda la vida.

Mientras la identidad visual puede copiarse (¿cuántas webs has visto con la misma tipografía o la misma paleta de colores?), la identidad verbal es mucho más difícil de imitar porque requiere autenticidad, consistencia y una comprensión profunda de por qué haces lo que haces.

Por aquí te comparto unos cuantos ejemplos: 

  • Mailchimp. 

Su identidad visual es inconfundible (ese amarillo, ese mono), pero lo que realmente la hace memorable es su voz. Han construido una personalidad amable, ligeramente bromista y tremendamente útil. Hablan de email marketing, un tema potencialmente árido, con una calidez y una claridad que hacen que parezca fácil. Su guía de estilo es ya un clásico por una razón: es brillante y consistentemente humana.

  • Otro ejemplo bestial es Patagonia.

Mientras que muchos citan su increíble branding visual y su activismo medioambiental, su identidad verbal es la columna vertebral de su autenticidad. Su tono es serio pero no frío, persuasivo pero nunca agresivo, y siempre con un propósito claro. No gritan; conversan. En lugar de eslóganes vacíos, usan un storytelling poderoso que refleja sus valores, como se ve en la narrativa de su página «activism». No venden ropa; venden una misión, y su voz es el vehículo perfecto para ello.

  • Domestika. 

Ejemplifica cómo una marca puede construir una voz única. No son una «plataforma de cursos online«, son una «comunidad de creativos«. Su tono es inspirador, cercano y accesible, evitando el lenguaje técnico de la educación online. En lugar de «adquiere habilidades«, hablan de «descubre tu creatividad«. Su página «sobre Domestika» no lista características, cuenta una historia de comunidad y pasión por lo creativo.

Estos son los errores comunes que matan tu identidad verbal

 

Aquí no me enrollo mucho más, apunta:

  1. Querer sonar como todo el mundo: evita usar jjerga corporativa (“sinergias”, “soluciones a medida”, “paradigma”) porque “es lo que hacen los demás”.
  2. No definir un tono claro: sonar divertido en Instagram y ultraformal en tu web es una incoherencia que genera desconfianza.
  3. Priorizar la forma sobre el fondo: es decir, preocuparte más por si suenas “guay” que por si suenas “a ti”.
  4. Ignorar a tu audiencia: hablarle igual a un CEO de 55 años que a una universitaria de 20.

Si todo esto te suena bastante, sigue hasta el final para llegar a tu solución.

 

Y ahora, ¿por dónde sigo?

 

Tu identidad verbal no es un accesorio más de tu branding, es la esencia de tu marca. El diseño le da la forma, pero las palabras le dan el alma.

Las marcas que suenan como todas las demás, se quedan en el ruido. Las que eligen sonar como ellas, son las que se quedan con el cliente.

Deja de ser solo otra marca bonita y empieza a ser una marca memorable.

Si necesitas ayuda para que tu voz deje de sonar encorsetada y suene a negocio de verdad, ya sabes dónde estoy, buscaremos juntos las palabras con intención para cumplir con tu propósito.

Hablamos cuando quieras. 

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