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Vamos a contar verdades, my friend. 

El storytelling NO es la nueva publicidad, eso ya lo sabe hasta el algoritmo de Instagram.

Voy más allá y voy a ser muy directa: si estás publicando fotos de tu producto, con una llamada a la acción como «link en bio», y esperas que las ventas te caigan del cielo, te aconsejo que te bajes de la parra ya y pongas los pies en el suelo. 

No, eso no va a pasarte y no va a pasarte porque eso no es contar una historia. Al final, lo único que estás haciendo es narrar información.

¿La diferencia? La información se olvida. Las historias se recuerdan 22 veces más que un simple dato. 

Pero vamos a lo que importa, ¿cómo contar historias que venden en Instagram?

Vamos al lío. 

Narrar información no es contar historias que venden en Instagram

 

Voy a contarte una historia. Qué apropiado, ¿verdad?

Una clienta llegó llorando a mí hace un tiempo. 

Bueno, a ver, no llorando literalmente, pero sus mensajes eran un drama shakesperiano: «llevo 3 meses publicando contenido todos los días en redes sociales. Mis fotos son la caña. Mis productos, son una maravilla, pero tengo cero ventas. ¿Qué hago mal?”. 

Si estás leyendo esto ahora mismo, estoy segura de que esto te suena. 

Le pedí que me enseñara sus stories de Instagram.

Eran postales de un catálogo [y esto sí es literal]: «nuevo producto«, «20% de descuento«, «últimas unidades«, «link en bio«…

Esto es IN-FOR-MA-CIÓN, no HIS-TO-RIAS.

Le expliqué algo que aprendí después de llevar cuentas de clientes durante años: tu cliente no quiere saber lo que vendes, quiere verse usando lo que vendes. 

Parece lo mismo, pero no tiene nada que ver. 

El cliente potencial, da igual el de esta clienta o el tuyo, quiere imaginarse cómo su vida mejora con tu producto o servicio y necesita sentir que entiendes su problema.

Y eso no se consigue con un catálogo de productos precioso, pero sí con una historia.

 

Lo que NO es storytelling [aunque te lo hayan vendido como tal]

 

Antes de enseñarte la estructura de un buen storytelling, vamos a hacer una buena limpieza, porque hay mucho gurú suelto confundiendo el storytelling con:

 

1. Contar tu biografía

«Empecé en 2018, luego hice un curso, luego conocí a mi socio…»

Eso es una línea de tiempo aburrida, que no le interesa ni a tu madre, que es tu mayor fan. Nadie paga por esto. 

2. Dar consejos sueltos

«5 tips para vender más en Instagram».

Eso es útil, pero el cerebro lo olvida en 24 horas. Una historia se recuerda porque activa emociones. La oxitocina, la dopamina, toda esa parafernalia neurocientífica de la que luego te hablaré.

3. Ser «auténtico» sin estructura

El peor consejo que puedes recibir es «sé tú mismo» si no sabes qué contar. La autenticidad sin estructura no vende.

El storytelling no es un estado de ánimo. Es una secuencia de acontecimientos con causa y efecto. 

Algo ha pasado → por esto en concreto → y ha terminado así.

 

La estructura de storytelling para vender que tú puedes usar en Instagram

 

¿Te suena eso de «introducción, nudo y desenlace«? Pues, hale, olvídalo. 

Eso sirve para escribir una novela o meterle mano a una película de animación, pero para hacer storytelling que vende en redes sociales hoy no sirve de nada.

Hay una estructura narrativa más actual. 

La usan los creadores de contenido que viven de esto y se llama Arco de Transformación.

Esta fórmula lo está petando porque la audiencia ya no quiere que le cuentes cuentos, quiere: 

  • Pruebas.
  • Ver a alguien que tenía su mismo problema: lo intentó, falló, volvió a intentarlo, y finalmente lo resolvió.
  • Y quiere verlo en 30 segundos.

 

Vamos a traducir el Arco de Transformación para usarlo en Instagram para vender tus productos o servicios. 

 

Parte 1: el problema

Los primeros 5 segundos hay que atrapar a quien te ve, cada vez tenemos menos tiempo para captar la atención de la peña. 

Así que aquí no se saluda, ni se dice «hola, soy tal«, ni se pone musicón. 

En esta primera parte tienes que mostrar el dolor auténtico de tu audiencia.

Esto funciona porque la gente se siente comprendida cuando escucha un detalle tan específico que solo alguien que ha pasado por eso podría contarlo de esa manera.  

¿Cómo tendrías que hacerlo?

Piensa en el momento exacto en que te diste cuenta de que tenías un problema: ¿dónde estabas? ¿qué estabas haciendo? ¿qué sentías?

Ni se te ocurra escribir algo como: «me frustraba que mis publicaciones no tuvieran engagement”.

Mejor escribe: «llevaba tres semanas publicando reels y la única que los veía era mi madre. Abría la app, veía  un like, y era siempre el de ella.»

¿Ves la diferencia? 

El primero es un problema que cualquiera podría tener. El segundo es TAN específico que quien lo haya vivido se siente señalado. Y quien no, se lo imagina.

Esa identificación es la que engancha.

Parte 2: el descubrimiento

En los siguientes segundos 5-15 tienes que mostrar el proceso real, es decir, lo que probaste, lo que falló, lo que te hizo dudar, y los detalles que nadie se atreve a contar porque quedan feos.

Esto funciona ya de por sí, pero sin introduces detalles sensoriales ya triunfas. 

Y esto es así porque el cerebro se activa con detalles que puede imaginar. 

  • Cuando cuentas cómo olía algo, la otra persona ya lo está oliendo en su cabeza.
  • Cuando cuentas cómo sonaba, ya lo está escuchando. 
  • Y cuando alguien se imagina usando tu producto, la compra es casi un trámite.

 

Además, la gente no confía en la perfección, confía en la prueba-error. 

Por ejemplo, si cuentas que intentaste lo que te proponías tres veces y fallaste dos, la peña te ve más humanx. 

¿Cómo tendrías que hacerlo?

Allá vamos. 

Enumera 2 o 3 cosas que probaste que NO te funcionaron. No las resuelvas rápido, entretente en los detalles, sin pasarte, claro. Piensa en ¿dónde lo probaste? ¿Cómo te sentiste cuando no funcionó? ¿Qué pensaste?

No escribas «probé varias estrategias. Algunas funcionaron, otras no.»

Mejor escribe: «probé tres métodos. El primero era el que enseñan todos los gurús: publicar tres reels al día. Hice 20. Mi engagement subió un 2%. O sea, nada. El segundo fue más rebuscado: hashtags a lo loco. No sé ni por qué lo intenté. Cero. El tercero lo encontré en un foro perdido a las 2 de la mañana, con la batería casi off. Y cuando lo probé, supe que era diferente. Adiós frustración.»

¿Ves? Hay fracasos. Hay detalles (el foro a las 2am, el móvil apagándose) y hay una sensación que la audiencia puede imaginar.

Parte 3: La prueba

Vamos a por los siguientes segundos 15-30. 

Aquí tienes que enseñar el resultado final y hacerlo con propósito. 

Lo que quiero decir con esto, es que no vale decir «ahora me va mejor». Lo que tienes que mostrar es algo que la audiencia pueda ver y reconocer como un transformación real y hacerlo con plena convicción.

¿Cómo tendrías que hacerlo?

No uses datos fríos, usa por ejemplo una frase emocional que un cliente dijo en caliente. Y luego, si quieres, el dato. Pero el dato solo, sin la emoción, no vende.

Olvídate de escribir frases como: “mis ventas aumentaron un 40% en dos semanas” porque eso suena a bulo total gracias a todos los vendemotos que las han usado y eran falsas.

Mejor dí algo así: «a la semana, una clienta me escribió un mensaje que decía: ‘no sé cómo lo has hecho, pero me ha funcionado’. Y eso, para mí, vale más que cualquier gráfico de métricas. Pero si te gustan los datos, puedo decirte que en dos semanas, sus ventas subieron un 40% y, además, me recomendó a tres amigas sin que yo se lo pidiera.»

¿Ves la diferencia? El primero es un número. El segundo es una historia con un número dentro. Y la historia es la que se recuerda.

 

Ejemplo práctico de la estructura de storytelling para vender en Instagram

 

Para que entiendas mejor la estructura del Arco de Transformación, vamos con un ejemplo práctico. 

Vamos a usar el caso de una entrenadora personal:

Parte 1 (el problema):

«Llevaba seis meses entrenando a una clienta que no veía resultados. Y se quería rajar. No por vaga sino porque tenía una frustración que le comía por los pies. Un día me escribió a las 11 de la noche y me dijo: ‘creo que esto no es para mí’. Y yo me quedé a cuadros y en blanco.»

Parte 2 (la experimentación):

«Cambié su rutina tres veces. Más cardio. Menos pesas. Ayuno intermitente. Nada. Medí sus macros. Ajusté sus descansos. Nada. Hasta que una noche, revisando la nevera de su casa (literal, fui a su nevera), vi algo que se me había escapado. No era el entrenamiento. Era una creencia. Algo que se repetía en su cabeza cada vez que se miraba al espejo.»

Parte 3 (la transformación):

«Trabajamos esa creencia con consciencia. Cuatro semanas después, no había cambiado su cuerpo, había cambiado su mente. Me mandó un audio super contenta: nunca había entrenado con tantas ganas, siempre lo hacía con culpa. Y ahí me di cuenta de que no vendo rutinas de ejercicio sino que vendo paz mental”.

Ahí lo llevas.

 

¿Qué pasa con el cerebro cuando le cuentan historias que venden en Instagram?

 

No voy a ponerte heavy con la neurociencia, pero sí voy a darte un dato: 

Cuando escuchas una historia bien contada, tu cerebro libera oxitocina. 

Esa es la hormona de la confianza, la empatía, la conexión.

¿Y qué pasa cuando confías en alguien? Que le compras.

El problema es que la mayoría de las marcas ignoran esto. 

Publican precios, características, llamadas a la acción como «comprar ahora«.

Vamos, información fría que activa el modo análisis de tu cliente: «¿me conviene? ¿será verdad? ¿y si mejor espero?».

Una historia, en cambio, desactiva ese modo análisis y tu cliente deja de pensar y empieza a sentir. Y cuando siente, compra.

Recuerda mi mantra: cuando hay emoción, hay conexión.

 Y cuando hay conexión, hay conversión.

 

La pregunta que ronda mil millones de mentes a la hora de pensar en la palabra storytelling: ¿y si yo no tengo nada que contar?

 

Esta pregunta se repite en mil millones de mentes que están aprendiendo storytelling ahora mismo, mientras me lees. 

Y yo siempre respondo lo mismo: todo el mundo tiene historias que contar, la cosa está en que no tienes un sistema para encontrarlas.

Apunta, amigui, que tus historias están aquí:

  • El fracaso de esta semana [el error que cometiste es oro puro]. 
  • La pregunta más rara que te hizo un cliente.
  • Algo que viste hacer a otro negocio (bien o mal).
  • Una conversación de WhatsApp que te hizo pensar.
  • Tu proceso real (con el caos, no la versión Disney).
  • Una opinión impopular sobre tu industria.

 

Ahí tienes 6 fuentes inagotables con una historia por fuente, ya tienes contenido para dos semanas.

Y si quieres ir más allá, prueba esto: cada noche, graba un audio de 3 minutos en tu teléfono respondiendo tres preguntas:

  1. ¿Qué me frustró hoy?
  2. ¿Qué aprendí hoy?
  3. ¿Qué vi que alguien hizo bien o mal?

 

Al final de la semana, tienes 21 ideas. Elige las 3 mejores. Conviértelas en historias. Publica. 

 

Y ahora hablamos del cierre porque toda buena historia para vender necesita uno

 

Ya lo has visto. 

El storytelling no es un «plus» que añades a tu marketing si te sobra tiempo. 

ES EL MARKETING. 

Es la diferencia entre ser una marca más que publica ofertas y ser una marca que la gente recuerda, recomienda y a la que compra.

No necesitas ser Cervantes, solo necesitas una estructura.

Y esa estructura está aquí, en este post. 😉

Ahora mi pregunta es: ¿vas a aplicarla o vas a seguir publicando «link en bio» o “30% de descuento” esperando el milagro de la venta?

Te toca: ¿qué historia de tu negocio se te ha quedado grabada? Cuéntamela en los comentarios. Las 3 mejores las compartiré en mis stories de Instagram.

 

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